LAS SECTAS: Una realidad cada vez más creciente y preocupante en África

Una secta es el conjunto de seguidores de una doctrina religiosa o ideológica concreta. A veces suele ser un grupo disidente que se separa de su fuente original, o que discrepa de las religiones oficiales y mayoritarias.

El psicólogo norteamericano especialista en sectas, Michael Langone, define la secta como “un grupo o un movimiento que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa, y que emplea técnicas de manipulación para persuadir y controlar a sus adeptos. Está diseñada para lograr las metas del líder del grupo, trayendo como consecuencias actuales o posibles el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general. Dado que la capacidad para explotar a otros seres humanos es universal, cualquier grupo puede llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones institucionalizadas y socialmente aceptadas tienen mecanismos de autorregulación que restringen el desarrollo de grupúsculos sectarios”.

Normalmente tienen un perfil doctrinal dualista (buenos y malos), apocalíptico (fin del mundo), ultraconservador y una interpretación literal y fundamentalista de la Biblia, el Corán, el Libro del Mormón, etc.

Una secta se considera peligrosa o destructiva cuando sus miembros desarrollan problemas de adaptación social, laboral o familiar.

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Características de una secta peligrosa

-          Organización autoritaria. No se admite ninguna crítica.

-          Existencia de un líder, o grupo de líderes, cuya decisión es la única que cuenta.

-          El líder controla la vida y los movimientos de sus miembros, así como su dinero, pero él mismo no se somete a las reglas ni da cuentas a nadie.

-          Aislamiento de los adeptos del mundo y de sus familiares y amigos. Los adeptos viven fuera de la realidad y del sentido común. Cualquier intento de hacerles reflexionar y entrar en razón es visto como un ataque personal al líder y a todo el grupo.

-          Control total de toda la información que llega a los miembros.

-          Existencia de un discurso demonizador del mundo y de todos los que piensan de otra manera. Todos los demás son malos y están equivocados, mientras ellos y su líder son los únicos buenos y tienen la verdad absoluta.

-          Adoración y sometimiento total al líder como si fuera un dios.

Como podemos observar, hay grupos dentro de la sociedad y de las grandes religiones, regímenes políticos y asociaciones que funcionan como auténticas sectas. Ningún individuo o grupo humano está libre de caer en esta tentación.

Las sectas ayudan a mucha gente pobre o inmigrante a no sentirse sola, a encontrar un lugar en el mundo y una identidad. En África y en América Latina muchas veces llenan el hueco que deja nuestra Iglesia Católica por su falta de testimonio, acogida, calor humano y espíritu fraternal. En Europa ocurre algo parecido. Los inmigrantes latinos y africanos prefieren la liturgia emotiva y la cercanía de las sectas que nuestras misas frías y nuestra actitud distante. Las sectas son más cercanas, directas, pragmáticas y muy emotivas. Son para muchos una respuesta práctica a su necesidad de sentirse alguien y pertenecer a un grupo, pero también les confunden y les hacen mucho daño.

En Guinea Ecuatorial se multiplican cada vez más, sobre todo en las ciudades más importantes como Malabo y Bata. Están en todos los rincones de la ciudad y no dejan a la gente dormir y descansar con sus celebraciones nocturnas y muy ruidosas. Creo que mucha gente acude a ellas por no tener clara su fe católica, por confusión, por problemas psicológicos, por ver al pastor como un mago que hace milagros, como refugio y desahogo ante la pobreza, la miseria, las injusticias, la falta de ilusión ante el futuro y la mala imagen que da la iglesia católica.

Las sectas evangélicas, en vez de predicar el evangelio, dedican la mayor parte de su tiempo a criticar a sus hermanos, los católicos. Los pastores han aprendido cuatro cosas de la Biblia y se creen expertos. Confunden a la gente y les separan de sus familias con una interpretación de la Biblia al pie de la letra. Para ellos la Biblia es el único fundamento de la fe. Ignoran a la Iglesia y su historia, la Tradición apostólica y los signos de los tiempos. Los miembros de las sectas son capaces de impresionar a los católicos por citar algunos textos de la Biblia y recitarlos de memoria.

Muchas de ellas prohíben a sus seguidores una asistencia médica adecuada y la transfusión de sangre. Se olvidan de que el  enfermo necesita ayuda médica y espiritual, las dos cosas. Dios no puede estar en contra de la medicina.

A las sectas evangélicas les gusta mucho el Apocalipsis, el último libro de la Biblia. Por ejemplo: para hablar del número de los que se van a salvar, utilizan esta cita:

“Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”. Ap 7, 4.9

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En la Biblia los números y los símbolos tienen su significado. Hay que interpretarlos y no tomarlos al pie de la letra. Por ejemplo, la cifra 144.000 es el resultado de la multiplicación de 12.000 x 12. El número 12 representa a las doce tribus de Israel. Los 12 Apóstoles de Jesús también representan a las doce tribus.

Apoyados en esta cita, dicen que sólo se van a salvar 144.000 personas. Se olvidan de que este número representa a las doce tribus de Israel y “la multitud inmensa de toda nación, raza, pueblo y lengua” representa a todos los demás.

Muchas usan el Antiguo Testamento para criticar a los católicos; pero se olvidan de que la revelación se completa con el Nuevo Testamento. Jesús corrige, cambia, amplia, reinterpreta o suprime muchas cosas del Antiguo Testamento como el divorcio, las prohibiciones del sábado, etc.

También acusan a los católicos de adorar a las imágenes, basándose en Éxodo 20, 4-5, donde Dios prohíbe el uso de imágenes para evitar la idolatría. En el Antiguo Testamento la fe del pueblo de Israel aún no estaba madura. Además, estaban rodeados de pueblos que tenían sus ídolos y muchos dioses. Por eso Dios les prohibió tener imágenes para que no cayeran en la idolatría. Y es más, nadie había visto a Dios ni tenía una imagen suya. En el Nuevo Testamento, con la venida de Jesús, ya tenemos una imagen de Cristo, de la virgen María y de los santos. Los católicos no adoramos a la Virgen María y a las imágenes; las veneramos (venerar es tener un profundo respeto). En la Iglesia Católica las imágenes y las estampas son como las fotos de nuestros familiares y seres queridos que tenemos todos en casa o llevamos en la cartera. Lo importante no es la imagen o la foto, sino la persona a la que representa.

Ante todo lo que ha pasado a lo largo de la historia y sigue pasando en la actualidad a causa de una mala interpretación o utilización de la religión, muchos dicen que el mundo sería mejor si suprimieran las religiones. Respeto esta opinión, pero les recuerdo que el ser humano es un misterio y muy complejo. Si no cree en Dios, acabará creyendo y adorando a cualquier persona o cosa. Dios nos ha hecho de tal manera que es difícil que estemos totalmente vacíos. Parece que necesitamos creer en alguien o en algo, adorar a alguien o a algo. Tenemos muchos ejemplos en la historia:

La Unión Soviética era oficialmente atea, pero acabó adorando a sus líderes como dioses y sigue gastando millones para mantener las momias de Lenin, Stalin, etc. Lo mismo ocurre en China con la momia de Mao Zedong, en Corea del Norte con las momias de Kim Il Sung o Kim Song Il. Los nazis no creían en Dios, pero acabaron creyendo y adorando a su líder, Adolf Hitler, como si fuera un dios, y creando una secta peligrosa. La Cuba de los hermanos Castro es oficialmente atea, pero adora a sus líderes como si fueran dioses.

Como conocemos quién es el ser humano y lo que es capaz de hacer, muchos desconfiamos de estas teorías y preferimos seguir creyendo y adorando a Dios, que a cualquier persona o cosa.

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Llama especialmente la atención esta última imagen, donde un pastor camina sobre la gente tumbada en el suelo. Según él, no puede tocar el suelo porque es santo. Ocurren barbaridades como éstas y otras muchas.

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