FRANCIS KERÉ: Arquitecto humanitario

“La escasez y el ingenio pueden ser mejor que la abundancia”

Diébédo Francis Keré nació en Gando, Burkina Faso, en 1965. Fue el primer niño que aprendió a leer en su pueblo. Viajó a Berlín con una beca y se convirtió en el arquitecto más famoso de África. Su primer proyecto consistió en levantar una escuela en su poblado. Su obra aspira a reforzar la cultura local, mejorar la vida de las personas y replantear el papel del arquitecto.

ENTREVISTA

-       ¿Qué es un arquitecto humanitario? 

Humanitario no significa solo dar; significa descender al nivel de los necesitados y hablarle a la gente de lo que pueden comprender. Establecer ese idioma comprensible es clave para que el trabajo mejore la vida de las personas. La caridad o la imposición no solucionan las vidas de las comunidades.

-       ¿Cómo lidia con los obreros? 

Algunos arquitectos españoles que trabajan en África se quejan de la diferencia de ritmo, seriedad y exigencia a la hora de construir… Alegan que muchos días no aparecen por la obra con la excusa de que se les ha muerto un familiar. Cuando llegué a Alemania, necesité mucho tiempo para entender a la sociedad alemana. En África sucede lo mismo. Allí es casi imposible trabajar sin entusiasmo. Esa es una de las claves, entusiasmar a la gente. El español Albert Faus lo ha conseguido. Hizo un buen trabajo en Burkina. Fue capaz de construir, pero seguro que supo ponerse en la piel de los demás. En mi país, si alguien muere, es importante parar.

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-       ¿Parar cada semana? 

No es fácil de entender. Pero en África un padre es una figura, no solo un progenitor. Esa idea se extiende a la familia y a muchas más personas. Y, lamentablemente, también se mueren muchos. Hay que tratar de entender las cosas desde su punto de vista. La impaciencia del mundo occidental no es algo que me gustaría aprender. Triunfar en África requiere paciencia y empeño. Puede que también asociarse con alguien de allí. Ni yo mismo podría organizarme solo.

-       ¿África está de moda? Lo pregunto porque si está de moda hoy, no lo estará mañana.

Es un mundo por descubrir para mucha gente, pero sin prejuicios. Occidente puede aprender de África valores que ha perdido. Las modas pueden dar a conocer algunas cosas, pero también engañar. Cada vez más arquitectos llegan a África dispuestos a construir allí. Mi consejo es que primero estudien, analicen la cultura y los medios, si es que realmente quieren contribuir.

-       ¿Cuál es el mayor prejuicio respecto a África? 

Tratar a un continente como si fuera un país. Eso elimina su diversidad y su riqueza.

-       Usted vive en Berlín. ¿Cada cuánto viaja a África? 

Depende de los proyectos en marcha, tres o cuatro veces al mes. Mi hija no lleva bien que viaje tanto.

-       ¿Ha tenido que sacrificar algo para poder realizar su trabajo? 

No. Siento que he ganado mucho. No lo vivo como un sacrificio.

-       Pero dice que no ve a su hija. 

Es cierto que me falta tiempo, pero mi idea de la vida no es llegar a casa y dormir con mi familia. Quiero decir que no es solo eso. Creo que no solo la presencia es importante, también lo es la intensidad y el ejemplo.

-       ¿Su carácter tampoco ha cambiado? 

Sería extraño que una variación de circunstancia vital no me cambiara. Me veo como un puente entre África y Occidente, y tengo una gran responsabilidad. Claro que noto diferencias. En África están relajados. En Alemania, no tanto [risas]. De modo que en África se toman su tiempo. Es fácil pensar que pueden ser vagos, es más serio plantearse qué puede haber detrás de esa tranquilidad.

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-       Muchos de los problemas occidentales derivan del consumismo. Sin embargo, ¿Cómo decirle a la gente de su pueblo que no aspiren a tener televisiones y coches? 

Allí no hay ni agua ni electricidad, así que, de momento, nadie piensa en televisores. El problema de la cultura occidental es que resulta atractiva y poderosa; por eso ­devora todo tipo de culturas. Mi opinión es que cuando no saben qué tiene la gente en Europa, en mi pueblo son felices; pero ­cuando piensan que es mejor…, su vida empeora.

Cada vez hay más gente que piensa que compartiendo conocimiento se pueden mejorar las cosas. En mi país, cada vez hay más personas que se sienten capaces de hacer cosas. Que uno sienta que la educación y el aprendizaje tienen resultados palpables es una vía importante para vencer apatías, para hacer que la gente valore sus pueblos, su continente y sus tradiciones, y para liberar la creatividad dormida en otras personas. Tenemos suerte con lo que hemos conseguido. Pero se podría hacer mucho más.

Fuente: Anatxu Zabalbeascoa, El País Semanal, 24 septiembre de 2015.

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