Volver a casa no es tan fácil

Volver a casa para quedarse, después de vivir mucho tiempo en otro país, no es tan fácil como parece.

Después de vivir muchos años fuera de tu país de origen por el motivo que sea, cuando vuelves a tu país para quedarse, primero te sientes pletórico, crees que no hay nada imposible. Te sientes alegre y feliz, con energía. Todo son abrazos y recibimientos de bienvenida. Normalmente, cuanto mayor haya sido el tiempo que has estado fuera y la distancia, mayores serán estas sensaciones.

Después de unas semanas y meses, llega el golpe de la realidad. Los expertos lo llaman Choque Cultural Inverso. “Creo que no hay realmente una manera de describir este sentimiento a quienes no lo han vivido. Es como una caída libre, como flotar sin rumbo en unas aguas tranquilas. Te sientes fuera de lugar”, explica Corey Heller, en su artículo Returning Home After Living Abroad (Volver a casa tras haber vivido en el extranjero).

Comienza cuando compruebas que la vida ha seguido mientras tú no estabas. Era obvio, por supuesto. Sin embargo, hasta ahora, no te afectaba. No vivías el cambio de costumbres y rutinas, el cierre de los bares de siempre o la aparición de palabras como boda, hipoteca o bebé en el vocabulario de tus amigos. Y tú, que estabas al corriente de todo lo que pasaba en casa, donde todo iba a ser fácil e ir rodado, te encuentras con que, desaparecida la euforia inicial, tienes que comenzar el proceso de readaptación a una vida, que creías la de siempre, pero que ahora  resulta ser más nueva que la que acabas de dejar atrás.

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Y lo mismo: cuanto mayor haya sido el tiempo pasado fuera y la distancia, mayor será la tarea de reconstrucción y el riesgo de no sentirte nunca como en casa. “Si te quedas mucho tiempo [en tu país de acogida], nunca puedes volver a casa. Te vuelves un extranjero permanente, nunca lo suficientemente local y nunca satisfecho en casa”, explica el artículo ¿Hogar Dulce Hogar? Gestionando el Choque Cultural Inverso.

Así que, ahí estás tú, intentando entender cómo es posible que la sensación de que todo sigue igual conviva con la realidad de que todo ha cambiado, incluido tú. “Vivir en otro país te cambia para siempre. Nunca serás el mismo y nunca verás las cosas de la misma manera”, analiza Heller.

Tempus fugit para todos, y los cambios que implica el paso del tiempo, tú los aprecias más en los que se quedaron y ellos en ti, que te marchaste. De hecho, muchas veces esperarán que te comportes como siempre habías hecho. En este sentido, la University Studies Abroad Consortium, de la Universidad de Nevada, recomienda “intentar ajustarse a la vida en el lugar de origen sin perder las ideas y valores que te formaron mientras estuviste fuera, y resistir a la tentación de volver a tu antiguo yo para satisfacer las expectativas de los demás”.

Entre tanto desconcierto, búsqueda de sitio y más bajones anímicos de los que te esperabas, un día te descubres pensando con nostalgia en ese país o ciudad de acogida de la que antes tanto querías salir. Echando de menos a la que fue tu casa en los últimos tiempos, pero que nunca llegaste a sentir como tal, de la misma forma que ahora no sientes este lugar. En definitiva, iniciándote en el síndrome del inmigrante o del viajero eterno, de los que una vez se fueron y ahora no saben volver, de los que no saben a qué lugar pertenecen y a qué lugar pueden considerar su hogar. Adquieres una nueva identidad y nacionalidad; te conviertes en “ciudadano del mundo”.

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En su artículo, Heller reflexiona sobre ese sentirse fuera de casa en todo momento y trata de ponerle remedio. Ya no me hago la pregunta de si algún día volveré a tener la sensación completa de un hogar. Ahora me pregunto cómo puedo sentirme en casa en el lugar en el que estoy en este momento, con estas experiencias, encontrando, así, en cada momento la forma de volver a casa”.

Hay que procurar no vivir esta experiencia como un drama. Es normal. Les pasa constantemente a gente del mismo país que viven o han estado viviendo fuera de su pueblo o ciudad. Al volver a casa de visita, vacaciones o para quedarse, se sienten igual. El secreto está en aprender a vivir y disfrutar en cada momento y lugar, siendo conscientes de que no somos dueños absolutos de nada en este mundo. Lo importante es intentar adaptarte y ser feliz donde te encuentres aquí y ahora.

Fuente: María Sanz, codigonuevo.com, 7 de abril de 2016

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