IV DOMINGO DE ADVIENTO (Ciclo A)

Primera Lectura: Is 7, 10-14

Salmo 23: R/. Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria

Segunda Lectura: Rom 1, 1-7

Evangelio: Mateo 1, 18-24

Celebramos el Cuarto y último Domingo de Adviento. Este domingo es como el “pregón” de la Navidad; por eso las lecturas nos introducen en el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

En la Primera Lectura del Libro de Isaías, Acaz, rey de Judá, ante las amenazas de los reyes de Damasco y Samaría por quitarle el trono, busca apoyo en Asiria. Dios le dice que confíe en Él y pida una señal. El Rey no confía en Dios y se niega a pedir la señal. Entones Dios, por su cuenta, le da una señal: “Una doncella (almah), ha concebido y dará a luz un hijo”. Esto parece una broma de mal gusto para el rey en el momento dramático y decisivo que está viviendo. Están en juego el trono de Judá y el templo de Jerusalén, y desde el realismo político, esta señal no sirve para nada.

Lo que le pasó al rey Acaz nos pasa siempre que tenemos serios problemas. Confiamos más en nosotros mismos, en los poderes de este mundo, en nuestra experiencia y realismo, que en Dios. Dios no es ajeno al momento que estamos viviendo; sólo pide paz, sosiego y confianza en Él, que es capaz de hacer lo que para nosotros parece imposible.

La Segunda Lectura es el comienzo de la carta más importante del Apóstol san Pablo, donde expone su pasión por el Evangelio. Pablo ha descubierto en Cristo y su evangelio el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento; todo aquello que había intentado conocer en profundidad en las escuelas rabínicas en las que se había formado en Damasco y Jerusalén.

Dios le ha llamado a predicar, extender y dar a conocer este mensaje, para que sea conocido hasta el último rincón de la tierra. Él ha dejado su antigua fe judía para anunciar a los paganos, ateos, apóstatas y los que son dioses de ellos mismos, la generosidad y el amor de Dios para con todos. Por eso no se avergüenza del evangelio.

El Evangelio destaca el papel de José, descendiente de David, en la Encarnación y nacimiento de Jesús. José es un varón justo y dócil a la voluntad de Dios. Como padre legal, le corresponderá dar el nombre al niño, lo cual es muy importante en la tradición judía. El nombre de este niño revela su identidad y su misión: Jesús (Dios salva). Jesús viene a salvar a su pueblo de sus pecados, de esa raíz de la mayor parte de nuestros males y sufrimientos de la que solo Dios puede salvar.

En momentos difíciles y ante las dudas, María y José supieron acoger los planes de Dios, que en principio no eran sus planes. Por eso son un modelo para todos los que nos consideramos creyentes, que tantas veces actuamos llevados por nuestros intereses, sin preguntarnos si son conformes a la voluntad de Dios.

En María se cumple la profecía de Isaías (7, 14) de que el Mesías nacería de una virgen; aunque en realidad almah no es virgen, sino doncella en edad de casarse, que los LXX tradujeron por parthenos, virgen, y así ha pasado a la tradición cristiana.

¡Feliz Día del Señor!

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