ÁFRICA SECUESTRADA. El continente africano está secuestrado por algunos de sus propios hijos

África, la tierra que nos vio nacer, es como una madre secuestrada, explotada y maltratada por todos, incluso por sus propios hijos. Así que, digan lo que digan, no cambiará ni evolucionará de forma integral, equilibrada y duradera, hasta que no lo queramos los propios africanos; sobre todo los que dirigen nuestros países y ocupan puestos de responsabilidad en nuestras sociedades: hombres fuertes y señores de la guerra que llegaron al poder y se mantienen por la fuerza. Esta es la pura y cruda verdad. Todo lo demás son cuentos y buenos discursos.

Es verdad que las potencias occidentales y orientales y las multinacionales están allí luchando a ver quién se lleva la mejor parte de la tarta de sus recursos naturales; también es verdad que los pocos jefes de estado que han querido trabajar con honestidad por el bien de sus países y han intentado frenar la explotación de las potencias occidentales y las multinacionales han durado muy poco. Al final han sido derrocados  por sus propios hermanos africanos con el apoyo, influencia y la complicidad de Occidente.

La pregunta es, si sabemos todo esto: ¿Qué hacemos para remediar esta situación? ¿Por qué no nos unimos para defender nuestros derechos con la misma voz? Si yo soy débil y mis vecinos más fuertes abusan y se aprovechan de mí, tendré que hacer algo para defenderme; pero, si mis propios hijos colaboran con ellos, será muy difícil salir de esta situación.

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A veces nos preguntan a los que nos hemos formado en el extranjero y nos hemos quedado a trabajar fuera: ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué no regresáis a vuestros países pobres para contribuir a su desarrollo? Sería lo lógico y es el deseo de casi todos nosotros. ¿A quién no le gustaría volver a su tierra para vivir y trabajar entre los suyos y contribuir al desarrollo de su país y de su continente ricos, pero empobrecidos? Nosotros les respondemos: no es tan fácil como parece. Se supone que nuestros gobiernos y nuestra sociedad deberían acogernos  con alegría y con las manos abiertas; además, teniendo en cuenta que muchos hemos ido al extranjero y nos hemos formado por nuestra propia cuenta, sin una beca ni ayuda de nadie. Pero no es nuestro caso. La realidad es que, cuando regresas a algunos de nuestros países africanos después de estudiar en el extranjero, no siempre te acogen bien; a veces el gobierno de turno y muchos te ven como una amenaza. Lo primero que te dicen es que te olvides de las “Ideas Importadas” que traes del extranjero y te adaptes a lo que has encontrado. Y te preguntas: entonces, ¿Para qué he ido a estudiar fuera y de qué me han servido tantos años de estudios y sacrificios? Si no les haces caso, tienes que estar preparado para asumir las consecuencias, porque ellos no bromean con su poder, dominio e influencia en el país. En este estado de cosas, tienes cuatro opciones:

  1. Aceptar la situación, callar, someterte y colaborar con el régimen de turno para sobrevivir.
  2. Si no lo haces, te pueden marginar y perseguirte a ti y a toda tu familia.
  3. Resistir, trabajar con honestidad y hacer todo lo que puedas por tu país, sin aceptar totalmente la situación ni someterte al régimen. Hay muchos héroes que eligen esta opción y se merecen nuestro reconocimiento y agradecimiento.
  4. La cuarta y última opción es salir del país, ir al exilio o a trabajar en el extranjero.

Da la impresión de que en África no hay gente preparada, pero no es verdad. Los hay y muchos en todos los sectores. En algunos países les dejan trabajar con libertad; de hecho estos países están evolucionando; pero en la mayoría de los países están marginados, perseguidos, silenciados o en el exilio. En nuestros países africanos hay mucha gente capacitada para sacar adelante nuestros países.

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Para ilustrar nuestras afirmaciones, vamos a poner tres ejemplos. Todos son de nuestro país, Guinea Ecuatorial, que e es el que conocemos más y mejor:

  1. Un médico especialista con muchos años de experiencia en la OMS (Organización Mundial de la Salud), conocido y respetado internacionalmente por sus compañeros. Al regresar al país, le nombran Ministro de Sanidad. Empieza a elaborar un plan de centros de salud y médicos de cabecera en todo el país con la ayuda de sus compañeros de la OMS y un año después lo cesan por perder el tiempo y no hacer nada. Como comprenderéis, un plan como este necesita un buen estudio sobre el terreno y esto lleva su tiempo.
  2. Un joven sacerdote que luchó en Barcelona para sacar el doctorado en Teología con sus propios medios. Regresa al país y lo destinan al último pueblo abandonado de la diócesis. Mientras tanto, en el Seminario Mayor, donde se forman los futuros sacerdotes, se necesita, por lo menos, tres doctores para concederle el nivel de facultad y que sus títulos puedan ser reconocidos a nivel internacional.
  3. Un joven médico que regresa al país y trabaja en una de las mejores clínicas. En seguida despierta la envidia de sus compañeros por su seriedad, constancia y buen trato a los enfermos. Al final hacen todo lo posible para quitarlo de en medio. Él mismo abre su propia clínica y está teniendo éxito. Una tía mía que estuvo en su clínica vino a España y la llevamos a la Clínica Quirón. Los médicos vieron su historial médico y dijeron que todo estaba perfecto.

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Podríamos poner muchos más ejemplos en el mismo sentido para demostrar que muchos de los propios africanos, sobre todo los que nos gobiernan, no quieren que cambien, se desarrollen o evolucionen nuestros países. Muchos tienen complejos de inferioridad y cualquiera que viene de fuera con buena preparación es una amenaza para ellos. Luego se les llena la boca echando la culpa a la esclavitud, al colonialismo y al neocolonialismo. Estos tres ejemplos que hemos puesto no tienen nada que ver con el colonialismo, Occidente,  Oriente o las multinacionales. Tienen que ver con nuestros complejos, envidias, malicia y ambición de poder.

Autor: Faustino Esono Nguema Nkara

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